Este ruso no es bueno, es buenísimo. ¿En qué me baso para decir tan rotunda afirmación? Bien, en el simple hecho de que la primera vez que alguien lo ve jugar se enamora de él. Sin más. A mí me pasó en la final de la UEFA. Aluciné. Arshavin, el futbolista revelación de la Eurocopa con cara de Cupido, enamora allá por donde pasa. Tiene 27 años, una mala noticia, pero, la verdad, nunca es tarde si el crack es bueno. Sino, pregunten por Zidane.
Este ruso del Zenit, al que medio mundo persigue ahora, es mucho más de lo que hablan. Dicen que tiene toques de Romario o Agüero, pero se equivocan. Arshavin es mucho más que eso, repito. Él crea, él asiste, él ve el hueco como nadie, él rompe en tres cuartos y él, también, remata y marca. ¿Qué más quieren? Pues que venga ya a Europa, y si puede ser al Barça. Su sueño. Eso se comenta.
Nos está cegando a todos con su fútbol. Pero por el bien de Arshavin y del deporte rey, no se limiten a creer que Arshavin es un gambeteo dentro del área. No. No vaya a ser que él mismo les haga callar. Porque Arshavin es un creador. Es puro fútbol. Si él disfruta, nosotros también.