Llevo dos años de sequía. Un par de temporadas en las que la Liga Española (sí, la mejor del mundo, la de las estrellas…) no me motiva. Primero, pensaba que esta sensación era totalmente subjetiva, porque como sabe el fiel lector de este mi blog, aquí reside un barcelonista acérrimo, pero luego me di cuenta de que no. La lectura de otros blogs y numerosos comentarios me ha permitido llegar a la clara y sana conclusión de que la liga española está en caída libre.
Después del patético mundial de Alemania, aquel en que el fútbol se basó en “meto un gol rápido y me cierro”, nuestro campeonato decidió engancharse un poco a la moda. Tanto fue así, que en la pasada liga se marcaron un número paupérrimo de goles. En esta, por suerte, se han anotado más, pero el juego no ha mejorado. En parte, por culpa de los equipos grandes. Barça y Madrid, Madrid y Barça, cada uno a su manera, ha ofrecido un lamentable espectáculo durante estos dos años. ¿La culpa? Ni idea. No encuentro explicación. Lo que sí puedo explicar es que este bajón de juego ha beneficiado a los equipos pequeños, que, es cierto, cada vez juegan más y mejor, pero que este factor todavía se agranda más debido al lamentable estado de forma de los dos grandes. Vale, que el Madrid ha ganado dos ligas, pero en una de ellas los socios se dormían, y en la otra les prometieron la excelencia cuando solo les han ofrecido una versión extendida de Capello.
En fin, que este fin de semana, la mejor liga del mundo, sí, aquella que ahora, como excusa, se está colgando el cartel de “tenemos los mejores equipos de la clase media de Europa”, ha cerrado el tenderete. Un tenderete donde en el escaparate se ofrecían lujos de toda clase, pero que dentro solo vendía somníferos. Y para muestra, el Zaragoza. O el Barça de los cuatro fantásticos. O el Espanyol de la segunda vuelta. O el Valencia. O…
pd: una liga tan penosa, no merece ni foto, ni color ni nada...
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A mí esta liga no me pone
2 golesCuando uno no sabe qué contar ya...
6 goles
Llega un momento en el que uno ya no sabe qué escribir, qué decir, cómo analizar o cómo, simplemente, poder animar a lo más pesimistas. La Liga, y en especial para el Barça, se ha vuelto en un juego de despropósitos. Los hombres de Frank Rijkaard (porque supongo que siguen siendo hombres y que siguen estando a las órdenes del paciente holandés) ni saben, ni quieren, ni pueden. No saben cómo ganar más de dos partidos seguidos. Tampoco parece que quieran poner la pierna cuando hace falta para evitar cualquier remontada. Y, por consecuente, no pueden conseguir ninguno de los objetivos por los que aspiran en los que, para colmo de males, son favoritos.
Lo más normal sería que dijera que no hay Liga y que el Barça, como decían todas las portadas este domingo, es vergonzoso. Pero algo me dice que este equipo aún aspira, sea merecedor de ella o no, a esta Liga que, como comenté hace dos semanas en este blog, está más cerca del Mediterráneo que de la capital. ¿Del Barça? No. Miren a la Plana, verán un submarino, ya se asoma.
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...Y es la liga loca...
8 goles
...Pancho Céspedes le cantaría así a esta liga que, por mucho que lo crean, no tiene dueño. Y no lo digo porque el Madrid la vaya a perder en favor del Barcelona, no. Yo voy más allá y les confieso que creo que esta Liga puede terminar en manos hasta del Villarreal. ¿Se me ha ido la olla? No. Como todo en esta vida, ya lo dice reiteradamente Rubén Uría, el fútbol son estados de ánimo. Y si recurrimos a ellos, concluiremos que Barça y Madrid, ahora mismo, podrían poner la liga en manos del submarino amarillo. Porque los blancos están regalando el título al Barça, y los azulgrana, como no lo quieren, se lo relegarán a los de la Plana. Es un tipo de locura en el que ha entrado la zona alta de la clasificación.
Me recuerda esta Liga al Mundial de Fórmula 1 del pasado año. El Madrid es Hamilton, el Barça Alonso y el Villarreal Raikkonen. Los dos primeros van haciendo la guerra por su cuenta, dándose oportunidades desaprovechadas, hasta que al final, sin tenerlo en cuenta, aparece un tercer invitado a este circo, y se lleva el premio. Quizás exagere en este paralelismo, pero visto lo visto las últimas jornadas, no me parecería tan extraño que el Villarreal se llevara esta Liga.
Quedan diez jornadas, y algo me dice que el Madrid solo sumará la mitad de los puntos que quedan por disputarse. Detrás, recibiendo tal regalo, están el Barça y un camuflado submarino. Los primeros son tan irregulares que serían capaces de ofrecer a los de Pellegrini tal obsequio. Allá ellos, pero si quieren saber por anticipado como puede terminar este campeonato que echen la vista atrás y miren el último GP de F1. Encontrarán a dos supuestos aspirantes al título que tienen que acabar aplaudiendo a un tercero que sin hacer ruido se colaba en el primer puesto. Es difícil que se cumpla tal profecía, pero todo esto es posible en, como diría Pancho Céspedes, esta liga loca…
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Publicadas por Giorgio a la/s 1:52
Etiquetas: Barça, Liga, Madrid, Villarreal