Recortes de prensa

5 goles

Reproduzco a continuación, la entrevista que, hasta el momento, más me ha conmovido. La realiza Lluís Amiguet a Pedro García Aguado, exjugador de waterpolo, en La Contra de La Vanguardia. Habla por sí sola. No tiene desperdicio.


Pedro García Aguado, ´Toto´, campeón del mundo y oro olímpico de waterpolo

"Yo era campeón del mundo, oro olímpico... y cocainómano"


Tengo 38 años: ya no estoy peleado con la edad, al dejar la coca he podido madurar. Nací en Madrid, pero me vine a Barcelona, capital del waterpolo. He sido campeón del mundo y cocainómano durante 14 años. Soy terapeuta de adicciones. Publico Mañana lo dejo (Bresca Ed.)

Empecé a beber a los 15 años. Era tan bruto que para tener el valor de hablar con una chica, tenía que beber.

Y eso que tenía planta.

La timidez era la excusa para beber. Luego dejé Madrid y a los 17 años me vine a Barcelona, la capital española del waterpolo, y viví en la residencia Blume.

¿Una residencia para deportistas no era disciplinada y controlaba sus salidas?


Vivíamos bien: jugábamos, nos entrenábamos, descansábamos y salíamos. Ganábamos dinero como seleccionados y nos comíamos el mundo... Y algunos nos lo bebíamos.

¿Cuándo empezó a esnifar cocaína?

En 1990, después de los JJ. OO. de Seúl, donde habíamos quedado sextos.

¿Y siguió jugando y esnifando?

En 1991 logramos plata en el Mundial; en 1992, plata en Barcelona; en 1993, subcampeones de Europa; en 1994, subcampeones del Mundo; en 1995, subcampeones de Europa con mi club, el Catalunya; en 1996 ganamos el oro en los JJ. OO. de Atlanta; en 1997 pinchamos en el Europeo de Sevilla, pero en 1998 logramos ganar oro en el Mundial, y en Sydney, en los JJ. OO. del 2000, cuartos.

Un palmarés envidiable... ¿drogado?

Nunca consumí para rendir más. El consumo de cocaína y alcohol era para mí la fiesta, la diversión: cuando acababa una competición lo celebraba, aunque no hubiera nada que celebrar. A partir de 1998 estaba tan enganchado que consumía jueves y viernes por la noche; el sábado daba una excusa para no entrenarme y el domingo iba al partido.

¿Si no hubiera consumido, habría rendido más como deportista?

No creo. Yo rendía a un nivel muy alto, pero sí que hubiera disfrutado mucho más del waterpolo, que era lo que más me gustaba en la vida. Como ya era un adicto, cuando no consumía me sentía gris y me deprimía.

¿Por qué empezó a esnifar?

Porque me permitía beber sin sufrir los efectos indeseables del alcohol. Yo llevaba una moto grande y me daba miedo conducir borracho, así que... ¡Qué forma más tóxica de pensar! ¡Me parecía más seguro conducir metido de coca! Era adicto e inventaba cualquier mentira para seguir consumiendo.

Usted tenía fácil mentirse.

Pensaba: "Soy campeón del mundo... ¡Medalla de oro! ¡Cómo voy a ser un adicto! Adictos son esos vagabundos que duermen sobre cartones en un portal; yo soy un triunfador".

¿Y los controles antidopaje?

Hacía parones de consumo para evitarlos y así iba tirando.

Consumió y compitió durante catorce años. ¿No le pillaron nunca?

En una reunión preparatoria de los JJ. OO. de Barcelona levanté la mano, porque sólo con uno que diera positivo, echaban a todos.

¿Confesó?

Les dije: "Tengo un problema, salgo por la noche y, si bebo, no sé parar y entonces consumo otras sustancias".

Glubs.

Los entrenadores se asustaron. Decidieron que me harían controles sólo para mí. Si pasaba sus controles privados, entonces podría jugar.

¿Los pasó?

Todos, e hice mi mejor Olimpiada. Aún podía hacer parones, porque pensaba: "Si gano, el festival de consumo será tremendo".

¿No notaba el frenazo de la coca?

Cuando hacía un parón, me volvía un maniático intratable; era el síndrome de abstinencia, que yo disfrazaba de mala racha. ¿Sabe cómo se detecta un adicto?

¿. ..?

Porque su entorno, sus amigos, su familia, su trabajo se empieza a deteriorar.

¿Cómo se deterioró su familia?

Estuve casado cuatro años; tuvimos una hija, Claudia. Yo seguía saliendo hasta que una noche salí y no volví en tres días.

Menuda juerga.

Le dije a mi mujer que no podía parar la fiesta. Discutimos. Así que decidí abandonar a mi mujer, de 28 años, y a mi hija, de ocho meses, pensando que era lo mejor para no hacerlas desgraciadas.

Era usted muy impulsivo.

La coca te vuelve irreflexivo. Conocí a otra persona del mundo de la noche y me puse a vivir con ella. Tuve otra hija con ella y empecé a culparla de todo lo malo que me pasaba, y que empezaba a ser mucho... Demasiado.

¿Se dio cuenta de su adicción?

Ingresé en el centro Marenostrum con mi mejor amigo, el también campeón de waterpolo Jesús Rollán, que acabó suicidándose.

Terrible.

Fue durísimo para todos. Llegó el Mundial de Barcelona 2003 e intentaron recuperarme para jugar, pero yo sólo fui a dos entrenamientos; al tercero, salí por la noche y ya iba colocado. Ahí vi que tenía un problema.

Grave.

Ya no podía culpar a nadie de mis desastres: ni al seleccionador que me echó ni a mi mujer... Yo era el único culpable. Ingresé.

¿Cómo se empieza el tratamiento?

Me dijeron: "¿Quién eres?". "Yo soy Pedro García, el campeón olímpico". "No, Pedro, tú eres un adicto, un alcohólico y un cocainómano". "Y tú, un hijo de puta", contesté llorando. Pero sabía que tenían razón.

¿De verdad no se había dado cuenta?

Con la coca, España siempre va bien. Vives una mentira hasta que se hace insostenible. Poco a poco, traté de volver a ser útil. Estudié, descubrí que podía ayudar a otros adictos. Me hice terapeuta.

El partido de su vida

La victoria más difícil es la que se consigue sobre uno mismo, y Toto lleva cinco años - desde que dejó la cocaína- jugando ese partido, el más difícil de su vida. Disputándolo ha aprendido: que nadie necesita ayuda para meterse en problemas pero que todos la necesitamos para salir de ellos, y él podía ser terapeuta de otros adictos; que su medalla más importante era recuperar el control sobre sí mismo: hizo de conserje en un hotel y cuando el botones le soltó: "Tanta medalla para acabar aquí", Toto supo responder: "Tanta medalla para empezar aquí". Y también ha descubierto, en fin, que la cocaína te hace desgraciado porque la felicidad es inversamente proporcional a la aceleración.
Fuente: La Vanguardia

¿De qué va esto?

6 goles

Si el partido entre el Barça y el Valencia se tiene que resumir en una posible mano de Eto’o, yo paso. Será que el fantástico juego azulgrana, el lamentable fútbol “ché”, las injusticias futbolísticas (siempre he creído que a Dios no le gusta este deporte. No puede ser que creando diez ocasiones y teniendo la posesión, un equipo moribundo te marque en una única ocasión), y las tres caídas de jugadores del Barça en área valencianista no reflejen mucho mejor lo que llevamos de eliminatoria.

Pero bueno, en Mestalla creo que cada uno recibirá lo que se merece. Cierto es que los de Rijkaard han de marcar un gol y no encajar ninguno, pero no lo veo nada complicado; aunque si repetimos la mala suerte de hoy, nos quedamos otro año sin la final de Copa. Y de mientras Koeman que se vaya quejando de los árbitros, que eso le ciega tanto para no ver que su Valencia es lamentablemente malo. ¿Y a él le queremos de entrenador para el futuro? Mejor que se quede comiendo naranjas.

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Desconciertos que valen una Liga

12 goles

La desconcentración, dígase de aquel término que se define como una falta profunda de atención y reflexión, también da las ligas. Bien, más que darlas, las quita. Y si lo dudan, recuerden aquel gol del Betis en el Camp Nou que quitó dos puntos al Barça y dio una Liga a Capello que, precisamente, esa noche empezó a dormir como líder.

Dicen que la historia está condenada a repetirse, aunque siempre de distinta forma y con matices. Esta vez el escenario era el Santiago Bernabéu. Los actores el Madrid y el Getafe. Pero el argumento el mismo que el de aquella fatídica noche para el barcelonismo: la desconcentración.

La falta de concentración es el típico síntoma de los equipos grandes. De aquellos que, mientras mueren de éxito, creen que todo está ganado. El Barça, la pasada temporada, regaló la Liga al Madrid por un par de fallos garrafales. Ahora, la tortilla parece girarse en contra de los blancos, que hoy han conocido como la desconcentración puede hacerte pasar del dulce éxito al amargo fracaso en segundos. Esos segundos de falta de concentración que van del gol de Robben al de Uche. Dos goles, unos pocos segundos entre medio pero tres puntos que han reabierto la Liga cuando algunos ya la veían amarrada. Esos mismos segundos que un día el Barça sufrió en sus propias carnes.

Dicen también que, al final, las cosas importantes en la vida se deciden en los pequeños detalles. Si partimos de la base de que el fútbol es vida y que la desconcentración de los blancos contra el Getafe es un pequeño pero gran detalle, concluiremos que hoy el Madrid ha empezado a perder una Liga que, apenas hace un mes, parecía suya. Y todo por unos segundos de desconcentración. Los mismos que decidieron la Liga de Capello. Los mismos que pueden cambiar el rumbo de la presente. Y es que, en el fondo, la historia está condenada a repetirse.

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Donde el fútbol es épica y misticismo

6 goles

Llegas a Glasgow y, bajo un cielo tan gris como histórico, buscas cualquier transporte que te lleve al centro de la ciudad. Se te acerca un británico con la bufanda del Celtic. Se ríe y te dice que le sigas, que él te llevará al lugar que estás buscando. No estás muy seguro de ese supporter y llegas a poner en duda si habla con total conocimiento o bajo los efectos del alcohol. Poco a poco te va hablando y tú le vas entendiendo. De golpe, te sorprende con un pin de tres tréboles y te explica que él es irlandés y que viene cada semana a ver a su equipo a Glasgow. En ese momento empiezas a entender por qué este club está envuelto de un misticismo especial. Dice llamarse Pablo nuestro improvisado guía y nos cuenta que un cura católico e irlandés decidió fundar un equipo en Glasgow, de ahí la tradición irlandesa del equipo de los cuatro tréboles.

Llegas a la estación central de la ciudad y te dispones a despedirle, pero no. Te pide que le sigas y, de repente, te invita a entrar en un pub típico británico. Allí él es conocido, está como en casa, pero empiezas a no entender nada cuando se dispone a pagar las cervezas que ha pedido para él y para nosotros. Entonces, recuerdas que en el autobús te había comentado que es tradición del fútbol escocés invitar al rival, obsequiarlo con algo. Bebes la pinta entre risas y le pides una foto. Sales del pub y te despides, con algo de pena, de Pablo, que sigue riendo e indica con los dedos de la mano un 2-0. Le deseas suerte.

Estás ya alucinado, algo de Glasgow te empieza a atrapar. Buscas un taxi que te lleve al Celtic Park y cada supporter del mejor equipo de Escocia te desea un buen partido y te recuerda que ellos también tuvieron a Larsson. Coges a un taxista del Rangers y te pide por favor que golees al Celtic. Tú te ríes y asientes con la cabeza, pero tú corazón ya está cogiendo forma de trébol de cuatro hojas, no puedes golearles. Llegas a los alrededores de Celtic Park. El campo está apartado de la ciudad, pero cuatro o cinco tabernas cercanas están llenas y con cola en la puerta. Dentro ya se ha empezado a jugar el partido. Los cánticos se oyen desde fuera. Te giras y contemplas el estadio. No te sorprende, te decepciona un poco. Sí, es típico escocés, pero le falta algo. Un algo que, posteriormente, entiendes, ya que el encanto de este campo está dentro, en cada una de las 60.000 personas que lo forman.

Entras y vislumbras a la parroquia culé. Te compras un hot dog y subes las escaleras para llegar a la grada. Una luz especial se apodera de tus ojos. Asomas la cabeza y ya lo ves. Estás en Celtic Park y el campo está a rebosar. Te sientes en otro mundo, en otra vida. Lo contemplas durante cinco minutos sin decir nada. De golpe, te despiertas porque empieza a sonar una música, y una bandera irlandesa en forma de mosaico inmenso acapara tu vista. Empiezas a entender que este club tiene unas raíces, un origen, una historia por contar. Y entonces, empiezas a distinguir entre tanta voz unísona escocesa un letra que te pondrá la piel de gallina. Es el You’ll never walk alone y alzas tu bandera. Sois muchos cuerpos cantando, vibrando; pero solo un alma. El alma del fútbol. Te sientes del Celtic, del Barça, te sientes fútbol. Piensas que eso es vida y deseas que ese momento sea eterno.

Vives el partido en una atmósfera que nunca antes habías conocido. Te imbuyes y no quieres escapar. Al finalizar el encuentro, te apetece corear a la parroquia rival. Ellos hacen lo mismo. El fair play no es ninguna mentira en Escocia. Y también lo compruebas en la calle, cuando los supporters verdiblancos te felicitan por el gran partido disputado.

Sabes que el fútbol hasta ese día te encantaba, te enamoraba. Pero después de pisar Celtic Park descubres que no conocías ni la mitad de todo lo que esconde este deporte. Un deporte que tiene una historia y unos orígenes que nacieron en tierras de William Wallace; donde el fútbol es, simplemente, épica y misticismo.

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La última locura anglosajona

48 goles

Paradojas de la vida, es bastante factible que la cuna del fútbol, Inglaterra, desnaturalice su campeonato nacional, la Premier, por unos cuantos millones de petrodólares de más. Sí, la liga del fair-play, del misticismo, del fútbol puro y tradicional ha decidido, de momento y solo a través de un boceto, enloquecer. Quizás haya llegado a sus oídos esta idea tan curiosa como antiética futbolísticamente hablando que el presidente de la Premier quiere llevar a cabo. Verán.


PROPUESTA:

La Premier ha planteado que el campeonato 2010-11 (y posteriores) se alargue uno o dos partidos más…en otros continentes. La competición seguiría constando de 20 equipos que jugarían una temporada regular como las de toda la vida. Una vez finalizada, se haría un sorteo que emparejaría al azar a los distintos equipos de la Premier, de manera que cada equipo disputaría uno o dos encuentros más contra el rival que saliera del bombo. Los puntos ganados o perdidos en ese o esos partidos se sumarían directamente a los ya conseguidos a lo largo de la liga. Por lo tanto, el campeonato se podría decidir a 4000 km. de las islas entre dos equipos que estarían jugando a otras tantas millas. No se confundan, no se trataría de un playoff. Sería simplemente la disputa de un/os partidos aleatorios entre los conjuntos de la Premier, sin más, pero que contabilizarían para los puntos definitivos del campeonato. Estos encuentros se jugarían un mismo fin de semana, y se repartirían entre estos continentes:

- 6 partidos en ASIA
- 2 partidos en AMÉRICA
- 1 partido en ÁFRICA
- 1 partido en OCEANÍA

INGRESOS:

Entenderá el sabio lector que esta propuesta no es más que una fantástica estrategia de marketing para que los clubes aumenten sus ingresos de una manera notable. Las ganancias serían las siguientes:

- 350 millones de euros extras para los clubes.
- 140 millones por ventas de marketing y entradas.
- 200-210 millones de euros en concepto de derechos audiovisuales.

Por tanto, el ente televisivo tiene mucho que ver y decir en todo esto, ya que este mercado en Inglaterra está saturado porque no se dan todos los partidos, ni por abierto ni por cerrado. Y es que hace unos pocos años, el fútbol es televisión.

REACCIONES:

Dos clubes históricos anglosajones como son ManU y Liverpool ya se han pronunciado al respecto de tal propuesta. Los diablos rojos, a través de Sir Alex Fergusson, han calificado la idea de locura. Por su parte, los de Anfield creen que se está poniendo en peligro la integridad de la competición.

La Federación Inglesa, en horas bajas, también ha querido dar su versión. Para estos, la propuesta afectaría al rendimiento de la selección, aunque ha asegurado que se reunirá para llegar a un acuerdo sobre el asunto.

Otros organismos también se han querido “mojar”. Bien, quizás no tanto:

- FIFA: ha asegurado que estudiará la propuesta, aunque, en principio, no le ofrece mucha viabilidad.
- UEFA: El organismo futbolísitico del Viejo Continente, por boca de su presidente Michael Platini, califica la propuesta de locura.
- Aficionados: tachan la iniciativa de “absurda” y creen que su histórica Premier se convertiría en “un circo ambulante”.
- Sindicato Profesional de Jugadores: se ha mostrado totalmente en contra, aludiendo razones físicas. Opina que esta propuesta es exprimir a los jugadores.
- Prensa Inglesa: El Times tituló en portada “¿Se han vuelto locos?”. El Daily Mirror, jugando con una foto, publicó “Nariz de Payaso”. Y un amarillista como el The Sun fue cauto: “Sensación futbolísitica”.

¿Qué opinan los continentes afectados?

- América: dejan cualquier decisión en manos de la FIFA.
- Asiáticos: no les parece prudente de momento, pero aseguran que todo se puede negociar en un futuro.
- Oceania y África: no se han pronunciado.


¿Qué sucederá?

Bien, la FIFA será quién deberá decidir si esta propuesta se consolida o no. De momento, los de Joseph Blatter se han mostrado prudentes, aunque con tanto dinero de por medio es difícil que un organismo tan corrupto no acepte tan suculosa propuesta.

Por su parte, la Premier alega que con los ingresos que recibirán los clubes, estos podrán fichar aún mejores jugadores y los aficionados disfrutarán de un mayor espectáculo. ¿Pero qué espectáculo van a disfrutar los supporters y hooligans si sus escuadras se encuentran jugándose el título de liga, la clasificación a la Champions o el descenso en la otra punta del planeta? ¿A caso es ético y moral que una competición regular se decida en un partido inventado por unos señores que quieren que los medios audiovisuales se sigan haciendo de oro?

En conclusión, la Premier ha enloquecido. Muchas voces claman en contra de esta propuesta, otras no se posicionan y unas pocas, pero más importantes, esconden su visto bueno a la iniciativa. Y como decidirán estos últimos, es decir, FIFA y Medios Audiovisuales, es factible que un día se despierten y vean como Cristiano Ronaldo levanta el título de liga en Beijing después de ganar al Reading y con 80.000 aficionados asiáticos celebrando un título que ni les va ni les viene.

Fuente: Pere Artigas

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Sobre un supuesto Galacticidio

9 goles

No corren buenos tiempos en Can Barça. Y es que el mejor equipo del mundo murió, cuentan los expertos, hace año y medio de Galacticidio. Fue en un partido contra el Bayern de Münich en el Gamper. El Barça le endosó cinco goles a los bávaros. Sobrados, sin despeinarse. Ese día el Barça murió de éxito.

Año y medio después de aquello, el Barça sigue con las vitrinas vacías y muchas desilusiones por el camino. Un camino cada vez más rocoso y espigado que parece no tener final. Y al otro lado, el Madrid. Aquel equipo que teniendo la mitad, consigue el doble. Quizás porque, en parte, su camino esté llenos de flores de la suerte. Pero no es solo eso. Cuando el Barça estaba arriba de la cima, se reía de un Madrid acabado, pero que solo podía ir a más. En cambio, los azulgrana solo podían descender, habían tocado techo y no recordaban de donde venían.

Total, que a 1 de febrero de 2008 el Madrid saca ocho puntos al Barça. ¿Esperanzas? Todas las del mundo. ¿Entonces? Pues que la dinámica de unos y otros no anima al optimismo culé. Y aquí se origina un debate entre barcelonistas. Los pesimistas y los optimistas. Veamos ambas versiones en las que destacan los primeros, pero sueñan los segundos.

El culé pesimista: sabe que recortar ocho puntos no es imposible, pero con la dinámica de uno y otro equipo no lo ve factible. Da la Liga por perdida y apuesta por ir a por las competiciones del KO, ya que ve imposible que este equipo lleno de bajas (por culpa de las giras asiáticas y la mala preparación física) y de jugadores desgastados pueda seguir el ritmo de un Madrid que, vale, juega mal, pero gana.

El culé optimista: ocho puntos le parecen miseria. Recurre a la diferencia del Madrid del pasado año y su posterior remontada. No hace caso a eso de la dinámica, ya que cree que con la vuelta de Eto’o y Touré este equipo solo hará que crecer. Son los mismos que cada día se despiertan asegurando que el mejor Ronaldinho volverá y que nos dará la trilple corona. Además, descartan al Madrid porque no tiene calidad en la plantilla, porque Schuster no sabe jugar con sus equipos en las segundas vueltas y porque creen que la suerte no es para siempre.

He aquí los dos culés que podemos encontrar por el Camp Nou. Ambos con sus razones y sus confusiones. Pero con algo en común: saben que esta es la mejor plantilla de la historia del Barça, y no quieren que un Galacticidio lo eche todo por la borda.

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Mitos

7 goles

Creadores de un nuevo fútbol
Que la Copa de Europa naciera en 1955 no fue casualidad. Por aquel entonces corrían en los campos de Les Corts y de Chamartín los dos mejores jugadores de la época que, por gracia divina, ofrecieron al mundo futbolístico un nuevo concepto de juego nunca visto. Eran Ladislao Kubala y Alfredo Di Stéfano. Un húngaro y un argentino. Un culé y un merengue. Un malabarista y un futbolista total. Dos dioses de la pelota que dejaron destellos por toda Europa.

Laszy, el de las bicicletas y los taconcitos interminables, nunca ha sido reconocido como uno de los más grandes. Una deuda que el mundo del fútbol tiene con él, y que los históricos socios del Barça que le vieron jugar recuerdan constantemente, mientras le agradecen a Kubala que fuese el culpable de la creación del Camp Nou. Sí, él hizo pequeño Les Corts. Y él fue el buque insignia del mítico Barça de Les 5 copes. Pregúntenle a Serrat.

La Saeta Rubia, el argentino que tenía que jugar en el Barça pero terminó vistiendo de blanco, fue un todoterreno. Los que le vieron jugar dicen de él que cogía el balón en su área y terminaba la jugada en la otra. Y los que no disfrutamos de su fútbol, tenemos la seguridad de que las cinco Copas de Europa que alzó no fueron pura casualidad.

Laszy y don Alfedo. Ganadores de innumerables copas. Pero sobre todo, pioneros del fútbol del tuya-mía, de la magia, del dribbling. Con ellos nació un nuevo concepto de fútbol, pero también la Copa de Europa y la televisión, que llegó justo a tiempo para inmortalizar las mejores imágenes de estos dos cracks. Imágenes que, gracias a dios, ya han quedado para la posteridad.

Destellos de los cracks de los 50:


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No hay color entre países

8 goles

Del “usted es mejor que el negro de mierda” de Luis Aragonés a Reyes hasta los insultos a Lewis Hamilton en Montmeló solo han transcurrido unos días, algunas semanas y un par de años. Pero estos dos ejemplos de supuesto racismo son simples reacciones públicas de algo que sucede comúnmente en nuestro país, en el de al lado y en el de más allá. ¿Es entonces medio mundo racista? Bueno, para cierta gente poco realista y alarmista, el mundo occidental, con especial atención a España, es puro desprecio a la raza negra, razón por la cual deberíamos estar todos encarcelados. Por lo consecuente, mienten como cosacos.

El deporte, que es pura pasión y sentimiento, no entiende de razones ni de argumentos, sino de furia e insulto. Entiendo que mucha gente no lo entienda así, pero es que es así. Podrá ser triste, banal, trivial, hasta detestable…como detestable es la prensa británica, que por cuatro graciosillos convierten a todo un país como bandera del racismo internacional. Y es que en las islas ya les va bien entrar en este juego, sobre todo para tapar la humillación vivida por los pross y, porque no decirlo, por Hamilton, que se las prometía muy felices una semana antes de acabar el Mundial de Fórmula 1.

Pero que sigan rajando en los diarios sensacionalistas (¡qué curioso, ¿sensacionalistas?!) del Reino Unido, que aquí estamos bien tranquilos. Como lo están los millones de inmigrantes que felizmente conviven en nuestro país y han sido acogidos como uno más. Pregúntenles a ellos, prensa anglosajona, si somos racistas, xenófobos o el sinónimo que más les guste con tal de intentar desprestigiar a un país, España, que ustedes califican indirectamente de pardillo. Pero ¿decimos algo nosotros de los británicos que revientan tiendas y mean en la calle cada vez que un equipo de sus Islas, siempre tan señoriales, viene a disputar un partido de Champions?

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Las ligas se ganan en el último minuto

9 goles

Eran las 20:43 de la tarde del domingo. El Barça seguía empatando a cero contra Osasuna y todo hacia indicar que el resultado no se movería. Si la historia se hubiera escrito así, los azulgranas ahora estarían ahora a ocho puntos del Madrid, con la moral tocada y con los de Schuster viendo como el Barça no sabe aprovechar las oportunidades, como la temporada pasada. Pero no, la historia ha sido otra. Xavi, suplente de lujo, apareció para hacer algo que tanto le cuesta: marcar. Marcar un gol, como ya hiciera hace casi una década para salvar la cabeza (¡qué cabeza!) de Van Gaal, que es una bombona de oxígeno para los de Rijkaard. Un gol que son tres puntos menos. Un gol que es pura moral azulgrana. Un gol que demuestra que el Barça también sabe vencer en el último minuto. Y así es, pregúntenselo a Capello, como se gana la Liga. Una Liga que creía perdida, les confieso, un segundo antes de que Xavi empalmase ese balón hacia la red.

Hoy era el día, hoy no podían fallar los hombres de Rijkaard. Y no lo hicieron. Porque este equipo vuelve a ser una piña, quedando demostrado en la celebración del gol. Atrás quedan lesiones, ovejas negras, quilos de más…para dar la bienvenida a un nuevo Barça que se sabe ganador, luchador, que quiere volar hacia el título sin perder aquello que nunca se debe perder: la esperanza. La esperanza del gol de Xavi, que hoy ha hecho revivir a los culés sensaciones lejanas, extrañas, hasta exóticos. Hoy domingo, a las 20:44, algún barcelonista ha creído por algún momento que la Liga puede y debe ser suya. Y este fin de semana el fútbol nos ha enseñado que la distancia entre Madrid y Barcelona es, si cabe, todavía más corta de lo que creíamos. Y todo esto en un minuto. El último. Aquel que da las ligas. Pregúntenselo a Capello.

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