Ayer fue una noche de catarsis para los de Rijkaard, aparentemente, claro. El Barça se liberó de los empates fuera de casa, Henry se purificó al meter su primer hat trick y Puyol, el capitán y alma matern de esta plantilla volvió a experimentar lo que es jugar al fútbol después de su mayor parón desde que llegara al primer equipo. En principio, todo a la perfección. Tanto, que hasta los azulgrana recuperaron el liderato provisional.Pero el partido del Barça en el Ciutat de València puede ser engañoso. Los azulgrana no se despeinaron, cierto. Y que el Levante, sobre todo su renovada defensa abelina, es una banda que está más en Segunda que en Primera, también es cierto. Por eso dudo de la aparente catarsis azulgrana. Porque lo de ayer contra los granota no fue ninguna prueba de lo que serán los partidos fuera de casa. Ni rastro de dureza. Ni rastro de autocares en el área. Ni rastro de contragolpes. Pero exceso de huecos. Y si te permites darle al Barça esta fórmula, ya sea en casa o fuera de ella, acabas arrastrándote y pidiendo la hora para que no te haga un set.
Por eso digo que lo de ayer no vale para sacar conclusiones precipitadas. La prensa deportiva sensacionalista (adjetivo que podría evitar…lo es toda) calificó de vergonzoso al Barça en la primera jornada. Un mes después, ya vuelve a ser el mejor del mundo. Ni por aquel entonces era tan malo, ya que era el primer partido de Liga. Ni hoy es tan bueno, teniendo en cuenta que se enfrentó contra el equipo más débil de Primera. Para mí fue, simplemente, superar un trámite fácil, eso sí, de una forma notable.
Así que si lo de ayer fue una catarsis no lo podremos saber hasta que superemos al Stuttgart en su casa, encuentro que siempre es complicado debido a la dureza física de los equipos alemanes. Dureza que en Valencia no existió. Por ello, no me atrevo a afirmar que el Barça vio la luz ayer fuera de casa. Quizás fue una simple chispa que dio más luz de la debida.
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