
El último “bolo” de la selección española ha traído cola: que si la tarjeta de Xavi, que si el himno nacional letrado y que si las michetas sin bandera de Puyol y el mismo que se “autoexpulsó” (correctamente a mi parecer) del partido contra el Liechstenstein. Sin duda, el fútbol es política, y la selección en los tiempos que corren, todavía más.
Nací y vivo en Cataluña, pero no soy muy amigo de los nacionalismos. Creo que todo el mundo tiene derecho a sentir lo que quiera respecto a su país de origen o identidad, siempre que sea pacíficamente y respetando lo establecido bajo Constitución. Por otra parte, los jugadores de mi equipo, el Barcelona, desde el último caso, Pep Guardiola, (culpado de algunos fracasos del combinado nacional por parte de Prisa) hasta día de hoy, siempre han levantado sospechas sobre su disposición con la selección. En gran parte por culpa de la prensa…vamos, lo de siempre.
Es cierto que los casos de Guardiola, Puyol o Xavi responden al perfil de catalán que respeta a España como Estado, identifica a Cataluña como su país y no le importaría que algún día esta comunidad autónoma fuera independiente. En definitiva, que si Carod consiguiera oficializar unas selecciones catalanas, jugarían en ellas antes que en la española. Esto no es nuevo de ahora, pero tampoco de antes. ¿Quiere decir todo ello que entonces los azulgrana no sienten los colores de la roja? Seguramente en un grado muy inferior que los demás (incluidos otros catalanes que nunca han levantado sospecha, en parte por ser de clubes como el Español que no disparan este tipo de dudas), pero estoy convencido de que respetan ese escudo como el segundo de su vida. En ningún caso existe un odio (¿quizás Oleguer?), ya que sino estaríamos hablando de un nacionalismo de grado hitleriano. Y a mi parecer, este no es el caso.
Las curiosas michetas de Puyol y Xavi, causalmente ambas dobladas (catalanes y del Barça), podría ser un hecho perfectamente casual, ya que algunas fotos demuestran que estos jugadores siempre se retuercen la parte superior de la media. En todo caso y sea lo que sea, creo que hay que fijarse en su rendimiento y no en su corazón. Quizás en el suyo solo late la señera, pero no duden que cuando hay que vestirse la roja, son los primeros en sudar sangre rojigualda. No hagamos del fútbol un tema político, es el primer paso para corromperlo. Así que los jugadores empiecen por evitar estas "chorraditas" (si ha sido así), y los medios deportivos que se dediquen a eso, a lo deportivo.